domingo, 12 de agosto de 2012

¿Qué es un apóstol?

Algunos hermanos se escandalizan cuando hablamos de apóstoles en el presente.
En cierto sentido hacen bien, porque la mayoría (no todos) de los que se llaman así son hombres amadores de sí mismos, soberbios, y no conocen lo que significa ser un apóstol.

Ahora bien, ¿qué es un apóstol?, la respuesta quizá sorprenda a algunos. Un misionero, ni más ni menos.
Curiosamente, apóstol y misionero son la misma palabra, sólo que una en griego y la otra en latín, "enviado".



¿Veis ahora lo que significa ser apóstol? ¿A que ahora lo veis de una forma diferente?

Un apóstol, (que realmente haya sido enviado por el Señor), llega a una ciudad, si no hay iglesia allí, abre una obra para que se forme una.

Una vez esta llega a su existencia, el apóstol / misionero se va, junto con su obra. No se queda "gobernando" a la iglesia local. Ahora la responsabilidad de la localidad es de la iglesia y sus ancianos, no del apóstol.

"Si mantenemos a la 'iglesia' y a la obra paralelas y no permitimos que las dos líneas converjan, encontraremos que  no se necesitará ningún ajuste en la iglesia cuando nos vayamos, porque no habrá perdido a un 'pastor', sino solamente a un hermano" (La vida cristiana normal de la Iglesia, W.Nee)

Emilio:

En un puzzle hay que poner cada pieza en su lugar para que quede completado, y cada pieza debe encajar suavemente sin forzarla. Si se intenta poner una pieza que no corresponde aunque se parezca, habrá que forzarla para intentar encajarla, pero si se encuentra otra que coincide perfectamente con la forma y colores precisos, y al ponerla encaja suavemente, esa es la pieza correcta para ese lugar, lo cual no quiere decir que la otra pieza no sea del puzzle, sino que pertenece a otro lugar del puzzle.

Lo que pretendo con esta reflexión es observar como encajan los “misioneros” en el espacio de “apóstol”, analizado a la luz de las escrituras.

Los términos “apóstol” y “misionero” tienen un mismo significado aunque de origen distinto, el término “apóstol” se origina en el griego y el término “misionero” se origina en el latín. Apóstol: del griego “apostelló” o “apostolos” que traducido es “enviado”

Misionero: del latín “missio” que traducido es “enviado”

En el griego la palabra “apostelló” tiene la connotación de haber sido comisionado hacia delante, como para abrir camino y con una tarea específica, y en el latín también tiene la connotación de haber sido comisionado para una tarea porque “missio-onis” que adaptado es “misión”que se traduce como “la acción de enviar” significa que se comisiona para hacer una tarea determinada. Retomando el término griego de “enviado” a ir hacia adelante como para abrir camino, eso es exactamente lo que hacían los apóstoles y lo que hacen los misioneros en tierras donde no se conoce a Jesús como Salvador.

Según nos relatan los historiadores, a partir de la época de los apóstoles contemporáneos de Jesús, ya no se vuelve a utilizar el término “apóstol” a lo largo de toda la historia, ni se conoce a nadie más que se le haya llamado con este término hasta la década de 1980, sin embargo si hay datos históricos acerca de los misioneros. Puede ser que debido a la influencia del imperio romano se empezase a utilizar la palabra misionero en lugar de la de apóstol.

Es interesante ver que, según los diccionarios de sinónimos de varios idiomas consultados, los sinónimos de ambos son idénticos:

Apóstol = evangelista, evangelizador, apostolizador, discípulo, enviado, divulgador, “misionero”, predicador, propagador, propagandista, mensajero…

Misionero = evangelizador, predicador, propagador, enviado, evangelizador, “apóstol”, divulgador, propagandista, catecúmeno…

Cuando el señor Jesús, después de resucitado, les dice a sus apóstoles lo que se conoce como “LA GRAN COMISIÓN” aunque también se podría llamar “LA COMISIÓN APOSTÓLICA” porque les estaba hablando a sus once apóstoles. Este texto se encuentra en los cuatro evangelios, (Mt 28: 16-20 / Mr 16:14-18 / Lc: 24: 36-49 / Jn 20:19-23) esto denota una importancia fundamental. El más significativo se encuentra en Mateo 28: 16-20

16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 18Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Este texto fue dicho exclusivamente a sus once apóstoles (vers. 16), pero lo hacemos extensivo a todos nosotros.

1) id

2) haced discípulos a todas las naciones,

3)bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

4) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado

1) “id” es la acción de enviar, recordemos que misión “missio-onis” es la “acción de enviar”

2) Hacer “discípulos” es hacer “seguidores” de Cristo, en “todas” las naciones

3) Bautizar es hacer pública la fe en Jesucristo simbolizando su muerte y resurrección

4) Enseñar a guardar es dar formación y enseñanza cristiana bíblica

Los apóstoles contemporáneos de Jesús, cumplieron esta encomienda con rigor, y a lo largo de la historia hasta nuestro presente, los misioneros que han desarrollado el trabajo de ir a las naciones, “enviados” por personas o por entidades cristianas, a lugares donde no se conoce el evangelio, y “hacen discípulos” forman a personas “enseñándoles” la Palabra de Dios y a “guardar los mandamientos del Señor Jesús”, y “bautizan” a las personas para cumplir con las Escrituras, corresponde con exactitud al trabajo que hacían los apóstoles.

En Lucas 9:1-3 dice 1Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 2Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. 3Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas

Cuando los misioneros van a lugares donde no se conoce, o la Palabra de Dios está perseguida y donde hay religiones intolerantes con grandes influencias espirituales demoníacas (budismo, hinduismo, islamismo, miles de religiones africanas, etc.) siguen practicando el “echar fuera demonios” “sanar enfermos” “son mordidos por serpientes, beben cosas mortíferas”, “no toman nada para el camino”, “no tienen bienes”, y lo que tienen lo comparten con los necesitados. Todo esto son cosas que siguen sucediendo en la actualidad en más de dos tercios de nuestro planeta que profesan religiones intolerantes y que persiguen a los cristianos. Los espacios más grandes para desarrollar las funciones apostólicas o misioneras son precisamente esas dos terceras partes de la población mundial.

La iglesia de Antioquía es un claro ejemplo de cómo utilizaron el término apóstol, y comisionaron a hombres para divulgar el evangelio.

La historia nos relata que la mayoría fueron casi todos, perseguidos, torturados y asesinados y todos parecen aceptar que una de las marcas y consecuencias del apostolado era la persecución.

Los misioneros que hacen la labor de propagar el evangelio en todo el mundo NO cristiano, hasta nuestros días, siguen practicando los mismos métodos que la iglesia de Antioquia, que los apóstoles primitivos, y siguen siendo perseguidos, torturados y asesinados.

El apóstol Pablo, que no convivió bajo las enseñanzas directas de Jesús, sino que estaba dedicado a perseguir a la iglesia, tuvo que reafirmar en varias ocasiones su ministerio apostólico, incluso se declara en 1Cor. 15:8 como “abortivo” en la (NVI) dice “nacido fuera de tiempo” por tanto él mismo declara que aunque no le correspondía ser apóstol porque no recibió las enseñanzas directamente de Jesús, sin embargo se le apareció en el camino de Damasco y por tanto fue testigo de Jesús resucitado, y se dedicó en cuerpo y alma a cumplir su labor ampliamente reivindicada pero con constantes persecuciones y torturas. Este mismo apóstol Pablo es el que escribe en:

1Corintios 4:9-13: Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 10Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. 11Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. 12Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. 13Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

Todo esto que expresa el apóstol Pablo ¿no es exactamente lo mismo que lo que han padecido y padecen en la actualidad los misioneros que trabajan en los lugares donde no se conoce o no se acepta el evangelio?

Todo lo que se refiere a apostólico en la Biblia, está siempre en el contexto de la humildad, el servicio, el peligro, el sacrificio para dar a conocer las Buenas Nuevas. Nunca son aclamados, ni reconocidos, ni vitoreados por multitudes, nunca se les da títulos, ni tributos, ni honores, no son servidos por los demás sino que ellos sirven, no tienen bienes, aunque sabemos por las escrituras que algunos tuvieron servidores en el ministerio, pero que sufrieron tanto apóstoles como servidores toda clase de sufrimientos. Pablo era de la alta sociedad cuando perseguía a la iglesia, sin embargo cuando cumple su función apostólica, yace en las cárceles pasando necesidad.

Los misioneros que cumplen honestamente con su función tienen los mismo rasgos que los apóstoles contemporáneos de Jesús. Están rodeados de humildad, son verdaderos servidores, están en constante peligro, viven sacrificados, son perseguidos, torturados, asesinados, nadie los aclama, ni son reconocidos popularmente, no tienen títulos ni honores…

Si tenemos en cuenta que el significado de las palabras “misionero” y “apóstol” es idéntico, que las características y funciones son también idénticas y que encajan a la perfección con lo que nos enseña la Palabra de Dios, si observamos claramente que hay una coherencia escritural acerca de lo que es ser apóstol y que se concuerda con el misionero auténtico ¿Por qué no nos rendimos ante la evidencia bíblica y aceptamos que el apóstol es el misionero verdadero?

Es verdad que en Efesios 4:11 dice Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros…

El misionero encaja suavemente en el puzzle, corresponde al apóstol, sin embargo los “apóstoles de nuestra era”, muchos encajan en buenos predicadores, evangelistas, maestros… presidentes de organizaciones, directores, fundadores… PERO NO ENCAJAN EN EL ESPACIO DE APÓSTOL.

No encajan por diversas razones.

1) El apóstol no tiene ninguna autoridad sobre los demás ministerios. El hecho que sea nombrado primero en Ef. 4:11 (versículo insignia de esta “cruzada apostólica”) no establece un orden jerárquico, si vemos el de maestro, en este texto lo nombra en quinto lugar y en el texto de 1Cor 12:28 lo pone en tercer lugar y excluye a evangelistas y pastores, por lo tanto ni siquiera se puede establecer un orden amparado en un solo texto que tiene un símil donde ese orden no es idéntico, más bien responde al orden cronológico de aparición. Cada ministerio es diferente y con diferentes funciones, ninguno está por encima de otro, a Jesús mismo se le nombra como apóstol y como pastor Heb 3:1, y Jn 10:11 respectivamente ¿Jesús tenía ministerios mayores unos que otros? ¿Era mayor su apostolado porque fue enviado al mundo ¿o era mayor su pastorado porque dio su vida por sus ovejas, y compró nuestras vidas con el precio de su sangre? El asunto de intentar poner al apóstol en una posición de autoridad o de gobierno por encima de los demás es exactamente la misma discusión que tenían los apóstoles de Jesús entre ellos. Discutían acerca de quien sería el mayor entre ellos cuando Jesús ya no estuviera con ellos, es decir, discutían sobre quien de ellos tendría mayor autoridad y Jesús les da la solución maestra que todos conocemos y predicamos “que el que quiera ser el mayor, sea el que sirva”. Ahora ya están estableciendo, incluso, que hay apóstoles locales, regionales e internacionales, nuevamente otra jerarquía no establecida en la Palabra de Dios. Esto es precisamente el sistema jerárquico que lleva practicando la iglesia católica desde su fundación.

2) El apóstol no posee una dirección divina exclusiva, que el resto de los cristianos no tengamos. En el antiguo testamento, el pueblo no tenía acceso a Dios y solo el sumo sacerdote ofrecía expiación por el pueblo y recibía dirección divina, esto termina en el preciso instante de la muerte de Jesús cuando se rasga el velo del templo y a partir de ese momento tengo acceso directo a la presencia de Dios. La Palabra me dice que soy real sacerdocio y que ya no hay más intermediarios entre Dios y los hombres sino sólo Jesucristo.

3) El apóstol no es el nivel superior al pastor. En Heb 13:17 dice Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos en ningún sitio dice que esto lo hagamos con los apóstoles, porque sencillamente son ministerios completamente diferentes. Hoy día parece que cuando el término pastor se queda corto para definir su labor, se emplea el de apóstol como el nivel superior que da mayor relevancia, sin embargo no tienen nada que ver. Como vimos anteriormente el apóstol es misionero y el pastor es el que trabaja en el ámbito de la iglesia local.

4) El apóstol no tiene la función de rodearse del bienestar económico y social. Los apóstoles bíblicos eran humildes. La humildad no es ser pobre o vivir en la miseria, sino que es una actitud. Se puede tener mucho dinero y ser humilde. Esa no es la actitud habitual de los llamados “apóstoles de nuestros días” que van buscando una posición de autoridad o de gobierno que solo corresponde y compete bíblicamente a la iglesia. Aunque hay muchas discrepancias entre los propios “apóstoles actuales”, parece ser que el común denominador de todos ellos es “establecer el gobierno” de la iglesia, donde ellos son los máximos responsables, ni siquiera lo pueden restaurar ese pretendido gobierno porque nunca lo hubo en la iglesia novo testamentaria, ni siquiera los doce establecieron ningún tipo de gobierno, incluso en la iglesia primitiva, cuando los apóstoles deciden que el pueblo nombre a un equipo de personas que administren y “sirvan las mesas” con el propósito de que ellos , los apóstoles, se dedicasen a la oración y al ministerio de la Palabra (Hch. 6). Lo que hacían era estar en comunión con Dios y enseñar la Palabra cumpliendo con el comisionado de enseñar que guarden lo que Jesús nos había mandado. La enseñanza o transmisión no establece ningún gobierno, ni vemos en ninguna parte del nuevo testamento, ni el término ni el concepto de gobierno en la iglesia, ni siquiera la necesidad de establecerlo en el futuro. La autoridad a la que se refiere en Rom 13:1-7 es sobre el cumplimiento de la ley de los tribunales de justicia, 2Cor 10:7-18 Pablo se reafirma frente a las calumnias que se han vertido sobre él, y siempre que se refiere a su autoridad es primeramente sobre el hecho de transmitir las enseñanzas de Jesús porque el Señor se le apareció personalmente y fue comisionado por El, además de la necesidad de Pablo, a lo largo de sus cartas, de reafirmar su posición de apóstol por las constantes críticas e intentos de rebatir su apostolado por no haber pertenecido al equipo de los doce. Pablo insiste en su función apostólica o misionera de ir a predicar a lugares donde no ha llegado el evangelio (2Cor 10:16 y Rom 15:20) siempre rodeado de persecución, torturas y cárcel (2Cor 11:23-28). Hoy en día el apostolado parece ir estrechamente vinculado a la doctrina de la prosperidad, donde las marcas y condiciones del apostolado, son estar en altos estratos de autoridad, el bienestar económico, reconocimientos humanos, ser servidos por los demás, y hasta extremos de opulencia, justo al contrario de lo que nos enseñan las escrituras.

5) El apóstol no tiene la función de cobrar el diezmo de los pastores que están bajo su cargo. No hay ningún texto en la Biblia que apoye este argumento, sin embargo así hacen hoy en día los que pretenden restaurar el ministerio que tuvieron los apóstoles bíblicos. Los diezmos y las ofrendas corresponden a la iglesia que es quien administra. Es verdad que en el libro de los Hechos traían los diezmos y ofrendas a los pies de los apóstoles, pero sigue diciendo en el mismo texto, que lo repartían a cada uno según su necesidad (Hch. 4:35).

6) El apóstol no es un ministerio que deba ser restaurado. Si siempre han existido, con la adaptación del término latín de misioneros, significa que nunca se extinguieron, por lo tanto no hay nada que restaurar. Algunos estudiosos de la Palabra opinan que el ministerio apostólico tuvo unas funciones limitadas en el tiempo y que terminaron con los apóstoles contemporáneos de Jesús y aceptan que hubieron más de doce porque en 1Cor 15:5-8 menciona a los doce y a los demás apóstoles, es porque aparte de los doce hubieron más pero nombrados por Jesús y testigos de su resurrección, y si así es ¿quién se atreve a restaurar la etapa que Dios dio por terminada?, yo me inclino más a pensar que su labor no terminó sino que se cambió el vocablo griego de apóstol por el vocablo latín de misionero, con lo cual no se puede restaurar lo que nunca dejó de ser, pero en cualquier caso no tiene fundamento bíblico esta llamada “restauración apostólica”. El ministerio apostólico fue instaurado por el mismo Señor Jesús, ¿Qué autoridad tiene Satanás para eliminarlo durante 1900 años? ¿Cómo se puede pretender que Satanás tenga la potestad de anular a Dios?

7) El apóstol no tiene la función de traer una nueva dimensión para la iglesia. Hay libros escritos muy buenos e interesantes, anteriores a esta nueva corriente “apostólica” Ej. “Mi experiencia con Dios”, “una vida con propósito”. “una iglesia con propósito” donde podemos entender la verdadera dimensión de la iglesia sin necesidad de ponerle el añadido de “apostólica” como concepto “nuevo”, ya que nuestras iglesias son apostólicas porque estamos edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas siendo Cristo la piedra angular (Ef. 2:20) Para poder edificar es imprescindible que el fundamento esté terminado, sino ¿cómo podría edificar sobre un fundamento incompleto? o ¿cómo se puede pretender seguir añadiendo fundamento donde ya se ha edificado?. Para que “todo el edificio esté bien coordinado” necesita un fundamento sólido, estable, terminado y sin añadidos. La iglesia es “apostólica” o “misionera” porque su propia naturaleza es salir fuera a predicar el evangelio. Es cierto que la iglesia en general se ha acomodado y ha adoptado ciertas costumbres y quizás tradiciones que no son saludables, y es necesario involucrar y exhortar a todos los creyentes para que seamos personas activas en el cumplimiento de nuestras responsabilidades, romper con esquemas y organizar estrategias para ganar almas para Cristo, pero no hay argumentos bíblicos que nos hagan entender la presencia de “nuevos apóstoles” que vengan a traer todo lo que ya conocemos y tenemos escrito en la Biblia como “una nueva revelación” sino que ya se viene predicando hace mucho tiempo acerca de como debería ser la iglesia del Dios vivo a la luz de las escrituras. Cumplirlo o no ya es la responsabilidad de cada uno y de cada iglesia.

8) El apóstol no tiene la función de venir a establecer una nueva etapa para la iglesia. Es cierto que la vida del ser humano tiene diferentes etapas, que la historia de la humanidad tiene diferentes etapas, que la iglesia pasa por diferentes etapas, incluso que la historia bíblica tiene diferentes etapas, pero las Escrituras tienen multitud de profecías para poder entender las etapas de Dios, pero indefectiblemente siempre es Dios quien marca las etapas sin la necesidad de personas que vengan a transmitir la voluntad de Dios y a implementar estrategias jerárquicas contrarias al principio de igualdad que Dios puso en el ser humano a partir de la muerte y resurrección del Salvador. Precisamente este principio de igualdad es el que siempre nos ha desmarcado de las demás religiones. A diferencia del antiguo testamento, en el nuevo testamento tenemos muchos textos que nos guían a entender el principio de igualdad, el Señor Jesús lo dejó bien claro, y en muchas de las epístolas se utiliza la expresión de “…. unos a otros” sin establecer posiciones de gobierno, ni de autoridad, ni de jerarquías.

Volviendo al principio donde mencionaba el espacio de un puzzle donde hay que poner la pieza que encaja suavemente y que corresponde por su forma y colores. No es lógico intentar poner otra pieza aunque sea presionando la apariencia, justificando las formas y terminando por deformar el puzzle, porque el resultado es quitar la pieza a la que le corresponde estar y poner otra que no le corresponde.

Los misioneros auténticos encajan perfectamente en todo lo expuesto, sin embargo los tenemos en menor consideración que toda esta “nueva corriente apostólica”, que al parecer restaura el apostolado bíblico extinguido. No considero coherente quitarles el nombre de apóstol a los misioneros que cumplen con esta función y ponérselo a hombres que dicen llamarse así, aunque para los misioneros este nombre no es motivo de título ni de jactancia, sino al contrario es la marca que llevan de servicio y de humildad. Es verdad que no llenan estadios, ni son carismáticos que mueven multitudes, pero están abriendo paso al evangelio con sacrificio, con dolor, con escarnio, con persecuciones, con cautiverios, con torturas y hasta con el precio de sus vidas. En lugar de llenar estadios de personas donde la mayoría son ya miembros de iglesias, se dedican a testificar en lo oculto, desafiando la muerte y predicando con el ejemplo. Saben que se levantan pero no saben si se acostarán, no saben si durante una reunión los quemarán vivos, no saben en que momento pueden coger a su familia y matarla o pueden coger a su esposa y violarla en su presencia y después ser degollado por no negar a Cristo, no saben cuando van a ver asesinar a personas lugareñas que han rendido su vida a Jesús, pasan hambre y necesidad por amor a los demás, sus vidas son una ofrenda de amor y por amor cumplen la Gran Comisión Apostólica.

Si Jesús es nuestro modelo, deberíamos todos aplicar en nuestra vida, y especialmente los que tienen ministerios cristianos, el precioso texto de Fil. 2:5-8

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Que el Señor nos bendiga y nos aporte luz y sabiduría

Fuente: http://www.foroswebgratis.com/tema-ap%C3%B3stol_o_misionero-17073-1487806.htm